La modelo

Estaba en un cumpleaños bastante aburrido, sé que era aburrido porque no recuerdo quién cumplía y estaba metido en el celular mirando Instagram. Mientras seguía deslizando me detuve para ver con detalle la foto de un amigo en donde salía posando con una mujer de belleza imponente. Era alta, de aproximadamente 1,78, rubia, delgada, tenía un cuerpo muy completo, abdomen plano y duro, estaba bien por delante y por detrás. De verdad que estaba demasiado buena y, como dato curioso, la mujer transmitía en aire de perversión que la hacía más llamativa.

 

No lo pensé dos veces y la seguí, tenía más de 10 mil seguidores en ese momento, también noté que un par de famosos la seguían. Realmente no era algo que me intimidara, para esos días mis redes no se quedaban atrás, incluso tenía más seguidores que ella. Así que no me sentía en desventaja. Pero mi sorpresa fue cuando me llegó una notificación al teléfono diciendo: “Angelica también te sigue ahora”. Solo pude pensar: “que empiece el juego.”

 

Abrí la conversación diciéndole: “salúdame a Daniel”, refiriéndome a mi amigo. Ella respondió amable y empezamos a conversar tonterías, poco a poco, entrando en confianza. Luego de un par de palabras más, dejé la conversación a medias intencionalmente con el fin de tener tema y un poco de misterio para después.

 

Volví a escribirle, 2 días más tarde, para invitarla a salir, al día siguiente nos vimos tipo 6:00 de la tarde. Fuimos por unas alitas picantes y unas cervezas. Cuando nos vimos, me dio tranquilidad, que era igual que en las fotos, todos sabemos lo que se siente esa decepción de sentirse engañados por los benditos filtros y los programas de mejoras digitales. Pero para mi suerte, era igual o mejor en persona.

 

Pasaron dos horas de buen ambiente, hasta ahí todo tranquilo, cero tensión sexual, solo risas y conversaciones de proyectos a futuros. Por supuesto, siempre estuve muy atento a sus palabras para descifrarla y saber por qué camino llevar la cita, así que cuando me dijo que le fascinaba bailar, entendí que ese debía ser el plan de la noche. Conversé con una pareja de amigos, (Laura e Isaac). Y nos fuimos, los cuatro, a un bar a eso de las nueve de la noche.

 

Empezamos tomando un par de tragos y creando un ambiente divertido entre nosotros, el bar estaba lleno y pude percatar de cómo Angélica despertaba muchas miradas entre hombres y mujeres, y no era de extrañarse. Era una persona muy llamativa, tanto por su apariencia, como por su sensualidad al momento de bailar. Incluso pude ver cómo conocidos de ella se le acercaban para coquetearle o presentarles hombres que preguntaban por ella. Por supuesto, yo ignoraba todo, mostrar celos o rabia es señal de debilidad. Lo único que me preocupaba es que se la llevaran. Ya había pagado la botella.

 

Después de ver cómo Angélica rechazaba, amablemente, a todos los pretendientes del bar, se dedicó a bailar conmigo y mis amigos. Empezó un juego de coqueteo mientras bailábamos, ella se movía muy bien y éramos de estaturas similares, eso hacía que bailar fuera más cómodo para los dos. De repente el baile se tornó más sexy y apretado, acompañado de un roce de nariz por aquí, una mirada por allá, y apareció el primer beso de la noche.

 

Mientras yo disfrutaba de Angélica y ella de mí, Laura e Isaac que eran amigos, hacían apuestas sobre si entre nosotros pasaría algo más esa noche o solo quedaría en besos. Ambos apostaron que solo serían besos. Y los entiendo, llegó un punto donde Angélica bailaba más separada como en plan de que todos la vieran mientras que yo quería tenerla cerca, no me culpen. Ella estaba muy buena y los tragos la ponían aún mejor.

 

A las dos de la mañana decidimos que era tiempo de irnos. Tomé mi rumbo con Angélica despidiéndome de mis amigos. Llegamos a mi casa, tenía la esperanza de que algo pasara esa noche. Pero dentro de mí, había una voz que me decía: “te vas a joder”, y esa voz no se equivocó. A los 20 minutos de haber llegado a mi casa, Angélica empezó a quejarse casi como una pataleta de que tenía hambre; entonces la llevé a comer un perro caliente, pues eso era lo que quería, solo se comió la mitad y me pidió que la llevara a su casa porque tenía sueño. Mis amigos habían ganado la apuesta.

 

Al día siguiente desperté, sin rabias, ni calenturas. Era consiente que aún tenía una oportunidad de hacer que pasara algo más con Angélica. Conseguir una segunda cita es más difícil que la primera. Porque ya no está el factor curiosidad, sencillamente algo le interesó de la anterior, o no. Con esto claro, debía proponer algo que no quisiera rechazar, o al menos que de verdad quisiera. Así que la invité a grabar conmigo, como toda modelo de Instagram le gusta ganar seguidores y ella sabía que de esta forma podría conseguir más. Y, en efecto, aceptó la invitación.

 

Esa noche Angélica llegó a mi estudio de grabación con un bolso lleno de ropa y con toda la actitud. Nos tomamos unos minutos antes de empezar para explicarle los videos que haríamos, su actitud era un poco cretina y desinteresada. Pero entendí que esa era su forma de ser. Las cámaras no la intimidaban, por el contrario, le era muy natural estar en frente de ellas.

 

Grabamos varios videos durante 2 horas, al terminar ya eran más de las nueve de la noche y teníamos hambre, así que pedimos algo de comer. Al terminar le propuse relajarnos en el sofá, escuchar algo de música y, por supuesto, intentar avanzar con ella. Lo que no contaba es que me iba a encontrar con un muro. Esta vez ni besos me quiso dar, por el simple hecho de que no tenía ganas. Pues eso respondía a mis intentos.

 

Comenzaba a molestarme por dentro, obviamente a nadie le gusta que lo rechacen; pero ya llevaba un par de años en el mundo de las habilidades sociales y era consciente que, si permitía que ella cambiara mi actitud y energía, ahí realmente terminaría el juego. Así que preferí cambiar la estrategia, dejé de coquetear, de seducir o intentar besarla. Y me limité a crear confort. Comencé a hacerle preguntas claves, sobre su forma de ser, su familia, sueños e infancia.

 

Y, poco a poco, se fue abriendo, hasta incluso cambiar de actitud. Dejó caer esa máscara, de mujer dura y sexy. Y empezó a mostrar la niña que tenía por dentro, me contó sobre cómo desde pequeña amaba brillar en tarima, lo mucho que adora el baile y que alguna vez fue reina en unas fiestas.

 

Llegó a tal punto de emoción por seguir contándome sus logros, que me preguntó: “¿quieres ver un video cómo fue el reinado infantil de belleza que gané?”. Era imposible negarse a tal emoción que transmitía. Abrió la computadora y por los siguientes 20 minutos se dedicó a mostrarme videos de ella bailando y desfilando en concursos. Me limité a permitir que se expresara y que fuera la protagonista de la noche.

 

Al terminar de hablar me miró llena de orgullo y me preguntó:

●¿Qué te pareció?

●Genial, dije.

●¿Cierto que sí?

●¡Absolutamente!

 

Se quedó con una sonrisa enorme en la cara y, como por arte de magia, sin previo aviso, se lanzó a abrazarme, me besó, hicimos el amor y nunca más, después de esa noche, volvimos a vernos. No fue por nada malo en realidad, después de eso, ella viajó a Bogotá en donde se quedó a vivir una temporada, igualmente siempre supe que lo nuestro solo sería algo fugaz, por un tema de personalidades. Pero mi mayor sorpresa fue cuando tiempo después me enteré de que ella tenía un novio con el que llevaba más de 3 años de relación. Mi instinto no me falló, siempre supe que ese aire de perversión era real, tanto en la cama, como en la calle.

Fragmento del libro Señuelos. Para leer más, click aquí.

El show debe continuar.

agosto 29, 2019

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *